jueves, 24 de julio de 2008

El árbol del té


Éste va ser un poco dificil de descifrar, pero a ver cómo lo vemos.




Había una vez un maestro Chan llamado Wei Shan que, acompañado con el Maestro Yang Shan, se adentró en las montañas pra recoger hojas de té.

-A lo largo de todo el día -dijo Wei Shan al final de la jornada- hemos estado recogiendo hojas de té y sólo he oído tu ruido pero no he visto tu sombra.

Al oír esto. Yang Shan empezó a sacudir un árbol de té con todas sus fuerzas.

-Comprendiste su utilidad pero no su forma -declaró Wei Shan.

- En tu opinión -preguntó Yang Shan-, qué es lo que hay que hacer?

Wei Shan permaneció en silencio durante bastante tiempo en respuesta a su compañero.

- Veo- rompió el silencio Yang Shan -que habías comprendido su forma pero no su utilidad.

-Deberia darte treinta bastonazos como castigo -exclamó wei Shan.

-Está bien -aprobó Yang Shan-, pero dime, a quién deberia yo dar los bastonazos?

-Te daré otros treinta bastonazos- amenazó Wei shan.

jueves, 17 de julio de 2008

Hiroshi Tasaka: "Miré a la muerte, y fue un infierno"

He encontrado esto que creo os pueda interesar, es bastante reflexivo y habla de la muerte, algo a lo que tenemos miedo hasta de pensar. Es una entrevista a Hiroshi Tasaka. Os lo dejo que aunque ya se ha hablado mucho sobre lo que dice hay algo que no hemos hablado mucho.


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Foto: JOAN CORTADELLAS

Publica el libro 'Encuentra tu cumbre', en el que asegura que lo más importante para ser feliz es encontrar un ideal y hacer lo posible para realizarlo.


GASPAR HERNÁNDEZ
--Teóricamente, usted tendría que estar muerto.
--Pues sí. Hace unos 25 años un mé- dico pronosticó que mi vida sería corta. "Te quedan pocos meses de vida", me dijo. Y eso cambió mi existencia, fue un punto de inflexión. Puede que aquel episodio sea el trasfondo de mi libro.

--En el primer párrafo dice que debemos pensar más en la muerte.
--Todos vamos a morir, pero nadie sabe cuándo va a morir. Y evitamos mirar la realidad de la muerte. A mí me pasaba lo mismo, hasta que el doctor me dijo que mi vida no sería muy larga. Miré a la muerte, y fue un infierno. Pero, luchando con esa realidad durante un par de meses, encontré el sentido de la muerte. Y pasó algo muy especial durante este proceso.

--¿Qué pasó, además de la condena a muerte?
--Mi amigo íntimo murió en un accidente de tráfico. Hacía pocas semanas, cuando el doctor me anunció que me quedaba poco tiempo de vida, yo envidié mucho a mi amigo: él viviría más que yo, porque estaba sano. Pero no fue así. Incluso una persona joven y sana puede morir mañana. O sea, solo tenemos el hoy.

--¿En qué le cambió aquella experiencia?
--Cambió radicalmente mi estilo de vida. Antes cada día me preocupaba por el futuro, o me recreaba demasiado en el pasado. No vivía el ahora.

--¿Qué milagro sucedió para que sobreviviese?
--Tenía un cáncer. Mi médico era tan pesimista sobre mi futuro que no fui a otro doctor, porque su pronóstico habría sido el mismo. Me fui a un monasterio budista zen. Mi estado era de profunda infelicidad. En el templo fui a ver al maestro, le conté mi enfermedad y lo que el doctor me había dicho. Yo esperaba unas palabras de consuelo, pero el maestro fue muy severo, aunque amable.

--¿Qué le dijo?
--"De acuerdo, vas a vivir hasta que te mueras". Fue un mensaje muy poderoso para mi mente y mi alma. Pensé que tenía razón. El doctor ya casi me había hecho morir, mi mente ya había muerto, y el mensaje del maestro me despertó. Y pensé: "Como no muero en este momento, voy a vivir mejor hasta el último momento de mi vida". Y esta es la razón por la que aún estoy aquí.

--Afirma que todas las situaciones tienen algo bueno porque nos ayudan a crecer.
--La vida está llena de acontecimientos dolorosos, pero lo importante es nuestra actitud mental. Lo importante no es lo que pasa en nuestra vida, sino cómo yo lo transformo en sentido. Todo lo que pasa en tu vida tiene un buen sentido, te lo creas o no. Este es el mensaje absoluto, sin discusión, del budismo zen.

--Si ahora le dijera que le queda un minuto de vida... ¿qué haría?
--Diría: "Gracias por todo. Gracias por este día tan largo, un día de 57 años de vida. Ha sido un día bonito. Gracias incluso por lo doloroso. Lo he apreciado todo".

--Dice que la vida es como escalar una montaña, y que lo más importante es tener un ideal.
--Para mí un ideal no es un objetivo que debe ser conseguido, sino que se trata de tener un sueño o misión. El propósito último de la vida es vivir lo mejor que puedas en cada momento. Para conseguirlo, lo mejor es abrazar un ideal o un sueño.

--¿Sin ego?
--Nuestra vida muchas veces está dirigida por el pequeño ego. Se trata de extender este ego y hacerlo mayor, pensado en la comunidad. Sigues teniendo ego, pero es más grande. En el budismo zen, el maestro no te dice que abandones tu ego, porque sabe que es imposible. Pero haz crecer tu ego en el sentido más amplio. La madre Teresa tenía ego, pero su ego era muy grande, para abrazar a la humanidad.

--¿Por qué no se quedó en el monasterio?
--El fin último no es ir a un templo zen, sino practicar el zen cotidianamente, en este momento. Apreciar cada encuentro y cada cosa que sucede en tu vida. Un suceso de hoy te puede hacer infeliz, pero mañana te puedes recuperar y pensar que aquella experiencia tuvo un sentido.

--¿En Barcelona ha visto mucha gente que vive el instante?
--La gente de aquí parece disfrutar de la vida cotidiana, pero no sé si mi percepción es la correcta. En Japón, a causa de la crisis económica, la gente mira mucho hacia su interior y su pequeño mundo. Aquí se ve a la gente con más alegría. Lo que no sé es la profundidad de este estado en vuestras mentes.

--Bueno, es difícil generalizar...
--Sois más epicúreos, en general. En el budismo zen decimos: "Vive ahora y dale intensidad al hoy".

--Pero en Japón cada vez están más occidentalizados.
--Este es el problema. Tenemos grandes tradiciones religiosas que están completamente olvidadas.

jueves, 10 de julio de 2008

Crecimiento interior

El ser humano es un ser puramente espiritual por naturaleza, no es sólo un cuerpo, es un ser espiritual dentro de un cuerpo. Su tendencia natural es que ese ser espiritual se manifieste y una de las formas de manifestarse es mediante el crecimiento interior. Paradójicamente, es imposible crecer en un mundo ideal, sin obstáculos. Son nuestras respuestas a estos estímulos “negativos” y no los estímulos en sí, los que desarrollan o no nuestra capacidad combativa. Cuando alguien nos trata bien, respondemos bien, si nos tratan mal respondemos mal. En realidad no estamos haciendo uso de nuestra capacidad de libre elección sino que nos convertimos en un reflejo del exterior, en otras palabras, actuamos de forma condicionada. El hábito de responder de un modo condicionado al estímulo es uno de los factores que impiden nuestro crecimiento. Hemos aprendido, no a crear nuestra propia respuesta sino a vivir pasivamente la respuesta que se produce con arreglo al estímulo, ya sea positivo o negativo. Respondemos según lo aprendido y nos pasamos la vida repitiendo las mismas respuestas ante los mismos estímulos. Por eso nuestra vida se convierte en una lucha constante en la que se buscan los estímulos positivos y se huye de los negativos. Esto hace que estemos manipulando el exterior para este fin y a la vez somos manipulados también por ese exterior.

Otro factor que impide nuestro crecimiento es el modelo de comportamiento que nos impone el exterior. El exterior nos dice cómo hemos de ser y cómo no hemos de ser. El exterior incluso nos dice cómo debemos pensar y cómo debemos sentir. Si no cumplimos con el modelo entonces somos juzgados y condenados, criticados y rechazados por ese exterior. Aceptando este modelo del exterior nos estamos impidiendo ser espontáneos. Lo exterior pasa a ser la norma. Dejamos de ser nosotros mismos y hasta nos prohibimos crecer.

Todo esto tiene mucha importancia en el desarrollo del niño ya que a posteriori condicionará su vida de una forma u otra. Desgraciadamente en esta sociedad se valora más la forma de ser (lo que impone el modelo) que el ser (la realidad profunda del individuo).

Debemos de darnos cuenta en qué medida todo esto está influyendo en nosotros. Como ignoramos lo que está pasando en nosotros, porque no lo miramos, sólo nos damos cuenta de que vivimos insatisfechos y por eso tratamos de conseguir satisfacción con los medios que hemos adquirido con nuestra experiencia como son buscar una personas determinadas, unos estímulos determinados, unas ideologías y circunstancias más favorables que creemos que producen en nosotros un estímulo de esperanza, de amor, de satisfacción. En definitiva, siempre vamos buscando que el exterior nos de bajo la amenaza que el exterior nos lo quite. Estamos viviendo fuera de nosotros y asi es imposible que podamos encontrarnos a nosotros mismos. Idealizamos y proyectamos.

La única forma de poder cambiar todo esto, de poder darnos cuenta de qué nos está pasando es simplemente “mirar”, no pensar, porque al pensar estamos juzgando y cuando pensamos en algo nos convertimos no sólo en sujeto pensante sino en objeto pensado y entonces es cuando surge la confusión. Por eso tan solo hay que mirar, sin más. Es la única manera de darnos cuenta.


Todo lo que he dicho aquí está dicho con mis palabras pero pertenece a Antonio Blay, uno de los más destacados “hombres” que ha dado este país. Mi más sincero agradecimiento hacia él por el gran trabajo que hizo.

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Y ahora quisiera dejar un texto de alguien a quien considero un hermano y que es muy apropiado para este escrito, por su lucidez, por su brillantez y por su contundencia:

“A veces para nacer hay que morir primero, pero lo que hay que matar son los viejos convencionalismos que no nos han llevado a ninguna parte, que nos hacen sentir culpables, vulnerables, que no somos lo suficientemente buenos, que no merecemos nada.

Nos han enseñado que la vida tiene un gran sentido y cuando no se lo encontramos nos desesperamos, nos sentimos vacíos y nos queremos morir, pues yo te voy a decir una cosa, la vida no tiene ningún sentido pero es una gran oportunidad para buscar uno, las respuestas a tantas preguntas posiblemente sea nada y sólo los valientes pueden vivir en esa nada, pero esa nada nos da la oportunidad para hacer muchas cosas.

El secreto de la vida es conocerte, aceptarte, amarte y conectar con el centro de tu ser.

Todos estamos solos, la compañía es sólo una ilusión, los demás sólo son un bonus, debemos ser felices sin ninguna razón, sin esperar nada, el que no puede ser feliz simplemente porque si, el que necesita algo externo jamás será feliz, siempre pospondrá su felicidad, siempre buscará alguna excusa para no ser feliz.

Ahora bien, los sentimientos y los pensamientos debemos aceptarlos y rendirnos a ellos, así que llora y desahógate todo lo que puedas, no te reprimas nunca por ninguna razón porque hace gran daño.

Todo es cuestión de actitud y comenzar de nuevo es muy difícil, es un camino largo, yo llevo más de tres años en la lucha, pero vale la pena.

La mente es un infierno, hay que aprender a manejarla no dejes que se apodere de ti, tómate una oportunidad, eres valioso porque eres parte de la creación, eres parte del todo.

Recuerda que todo es cuestión de actitud y que somos nosotros los que decidimos como reaccionar a las cosas.

Los deseos hay que tenerlos pero hay que soltarlos porque si nos aferramos a ellos se convierten en una fuente inagotable de sufrimiento.

Eres todo lo que tienes que ser y mientras busques algo más nunca lo encontrarás.

Tú no eres tu ego, tú eres mucho más que eso.

Deja de estar distraído, deja de estar dormido y ¡despierta a la vida!”

Luis Monroy Saladén

domingo, 6 de julio de 2008

Encuentro con el maestro.

La quietud del cuerpo y del espíritu, la secreta inocencia sin historia ni futuro, frágil, apenas atisbada, ruinosamente perdida por el retorno del contumaz dolor, la ineludible solidez de la cama sobre la que me dejé caer derrotada hace unos miles de pequeños infinitos instantes y esta habitación y sus secretos, el hospital y Martín, siempre Martín.

Y todo ello, y nada de ello es capaz de insuflar movimiento a este cuerpo yacente, como abandonado, cada vez más inquieto, sin la habilidad suficiente para eludir el aplastante peso sobre el pecho, la respiración de acero...

Tal vez debería cenar algo.

Abro los ojos.

La casa rebosa la estridente luminosidad de todas las lámparas encendidas a mi paso, viejo ritual infantil para conjurar el miedo.

Al fin me levanto.

Tengo un propósito válido para el segundo siguiente.

Entro en la cocina. En la fregadera una solitaria taza de té todavía humea.


Martín me rehuye.

Vacío el resto mientras mi corazón se hiela. Del congelador rescato un sanwich pasado de fecha. El suicidio o la cena, la tragedia o la comedia y entre medio la tozuda sobrevivencia.

Hoy es mi cumpleaños, sopla las velas niña y pide un deseo, dice la abuela, 35 lágrimas de luz ondeando en mi corazón a media asta. No hay velas, ni ramo de flores, ni una nota.

Tal vez ha tenido que salir a atender una urgencia digo a mi propia incredulidad que persiste incrédula.

La cerveza helada, el sanwich del microondas en bandeja de ositos y flores, la televisión y el olvido.

Me duelen las piernas. Busco acomodo en el sofá un tanto ajado que hace ya diez largos años compramos en Arnedo.

Ceno mecánicamente, como ausente, con la secreta esperanza de que el automatismo casi animal conjure la angustia.

Me estoy quedando helada. Me cubro con el chal de lana color ocre que Martín me compró en Galicia.

Martín, siempre Martín...

Zapping.
Concursos que no entiendo, películas ya empezadas, monólogos, disputas corales. Miro con aturdimiento y como alelada paso media hora sin pensar en nada, y sobre todo, sin sentir nada. Pero la ruleta del recuerdo premia tozudamente al mismo número y sin poder evitarlo me llega el aroma de Santiago de Compostela, callejas y bares de centollo y riveiro. Vacaciones con Martín. Vacaciones desoladas luchando por sacar a flote una relación desarbolada y hundida sin remedio.

Tristeza, sí, pero también la lacerante humillación de no ser capaz de despertar en él ni una gota de cariño, ni un resquicio de pasión. Vestidos, perfumes, palabras, cuentos, planes y proyectos, ilusiones de ilusionista, fracaso de indiferencia, apatía y frialdad.
Anuncios.

Sobre la mesa la historia clínica de JJ. Miocardiopatía dilatada de etiología desconocida. No existen antecedentes familiares, ni conductas de riesgo, ni abuso de alcohol u otras sustancias. Ingresado hace dos semanas, su estado general sufre bruscos empeoramientos sin razón aparente que de forma igualmente inexplicable remiten espontáneamente. Puntualmente requiere oxigenoterapia. Actualmente estable.
Al pie de la historia una extraña nota: las recaídas del paciente coinciden en el tiempo con las altas de sucesivos compañeros de habitación que abandonan el hospital milagrosamente reestablecidos.
Dos interrogaciones.

Reviso al trasluz la radiografía de su tórax.

Su sobredimensionado corazón describe una silueta casi imposible de ser contenida en un cuerpo humano.

Una patología extraña para una persona, especial, pienso.

No soy capaz de explicarme aún la honda sensación de familiaridad que al acudir a su habitación esta tarde han despertado en mí, sus rostro de poblado bigote, su voz, sus ojos, y sus hermosas manos.

Estoy cansada. La conciencia se deshilacha dispersa, la respiración se atraganta pesada como si el aire se licuara. Al fondo, junto a la escalera de emergencia un bombero nos lleva a empujones a la azotea del hospital. Una vez en ella, veo humaredas espesas que provienen de los pisos inferiores. El fuego se extiende amenazante pero estoy tranquila, sin miedo.
De pronto comienza el juego. Sogas de seis colores sujetas a una endeble barandilla y varias personas que se lanzan a practicar puenting entre risas.
Yo también deseo tomar parte y me acerco a recoger un arnés. En ese momento, JJ en persona pero con cuerpo de mujer se me acerca y me dice: el juego que te propongo es mejor aún.
¿De qué se trata? pregunto. Del puenting sin sogas ni arnés. Saltar de la mano al vacío. ¿Quieres? Estoy dispuesta contesto y dándole la mano, llena de confianza y plenamente serena me lanzo con ella y mientras vamos cayendo el espacio se vuelve denso, envolvente y acariciante como si de un ser vivo se tratase. Y cuanto más y más caemos, mayor es el calor en el pecho que de tanto ardor duele y se goza a un tiempo.

La clonación humana es una práctica contraria a los principios éticos fundamentales vocifera el televisor. Estoy envuelta en sudor, y en mi pecho siento un calor extraordinario que me asusta. Me levanto agitada y me dirijo al baño con la intención de vomitar. El sanwich caducado, pienso sin mucho convencimiento.

Me miro al espejo y me veo extraña, brillante.

El ardor no cesa, y aunque asustada por esta novedosa vivencia que me embarga, me siento feliz. Feliz, me repito, incrédula de estarlo diciendo.

El recuerdo de JJ invade mis pensamientos y la necesidad de verle y la certeza de que él puede responder a este misterio me impulsa acudir al hospital sin demora. Sopla las velas Anita y pide un deseo, dice la abuela.

Es tarde. El hospital respira silencioso rumores de sueños sin esperanza. Recorro pasillos solitarios, apenas un buenas noches Ana de un celador cuyo nombre no recuerdo. Luz cabizbaja, letreros de emergencia color verde chillón y algunas fluorescentes temblorosas, anuncios luminosos de un festejo sin nada que celebrar, sin música ni danzas.

Camino a buen ritmo, el fuego que arde en mi pecho no acepta demora.

Al fin la 373.

Abro despacio la puerta conteniendo a duras penas los latidos y el aliento, y como un furtivo me adentro sigilosa en la habitación.

Una diminuta lámpara languidece sobre la mesilla y proyecta un haz de luz azulada sobre el rostro de JJ. Está despierto y, gracias a dios, solo. En el aire una tenue fragancia de rosas.

Buenas noches, digo a media voz. Hola Ana, escucho aliviada mientras me aproximo y vislumbro, ahora sí, con total nitidez, el rostro sonriente de JJ. No sabía que fueras aficionada al puenting, dice en tono burlón, como sin venir a cuento. Pero ¿cómo sabes.?.. comienzo a decir y no acabo, repentinamente sobrecogida por una fuerza imponente que me enviste como un mar embravecido de terciopelo. Y aunque lucho y no quiero, me arrastra desnuda y desvalida hasta la orilla de un dolor profundo y primigenio. Por un instante creo morir, y me siento sobre la cama justo antes de perder la conciencia entre los brazos de JJ que me sujeta con firmeza. Ajena a mi misma permanezco hasta que, desde un lugar que no acierto a distinguir, escucho esa voz familiar que pronuncia mi nombre.

Al fin despierto.

Bajo la mejilla siento la cálida mano de JJ alejando de mi todo atisbo de temor.

Ana, Ana, susurra cadenciosamente, abre tu corazón y recuerda, más allá de la dualidad y del fruto del dolor cristalizado tu propio ser te reclama, recuerda Ana. Y de mis ojos el llanto mana despacio y lentamente viene a mi encuentro el recuerdo.

Oh Maestro. Digo sin despegar los labios. Tanto abandono, tantas frustraciones y desengaños, tantas agresiones al amor que necesito verter en el cuenco de tu mano. Ante mis ojos aún cerrados asoman las innumerables vidas en que fui mujer y fui hombre y las incontables veces que en el hombre y en la mujer te busqué sin hallarte. Desolación de un malvivir sin sentido, resignación del esclavo preso sin posibilidad de escape.

Ahora, por fin descanso, el ocaso del dolor, regueros de miel caliente reconfortan mi corazón y en el límpido cielo azul.

¡Oh mi maestro, Guru Rimpoché¡.

Abro los ojos, me incorporo lentamente y poso mi mirada sobre los ojos luminosos y plenos de infantil inocencia de JJ.

Siento el descenso de un poderoso silencio sólo roto por el espontáneo fluir del mantram OM AH HUNG BENZA GURU PEMA SIDDI HUNG.

La mirada de JJ es ahora la puerta a un abismo insondable, una planicie vacía, sin habitante, los ojos como un espejo detrás del cual no hay nadie.

No temas, me dice, reposa en el eterno presente donde mora aquello que nunca nace ni nunca muere, donde quien mira, lo mirado y el acto mismo de mirar son indiferenciados, allí donde maestro y discípulo son uno, el ser.



Hoy es un día auspicioso y el sol brilla en la oscura noche. Será mejor que vuelvas a tu casa y descanses.

Trato de resistirme pero suelto. Mi corazón desborda gratitud. ¿Te veré mañana? pregunto con aprensión. Puede, contesta enigmático.

¿Y tu corazón?, Estás muy enfermo ¿ lo sabes? digo con vehemencia.

No te preocupes Ana, lo que tenía que hacerse se ha hecho. Mañana mi corazón recobrará la salud y estará fresco y lozano como el de un recién nacido.

Silencio.

Con ambas manos juntas sobre mi pecho me inclino con respeto y gratitud y me despido.

Descanso profundamente pero apenas duermo. Me levanto ligera, vital con la alegría de una enamorada.

JJ está en mi pensamiento, en el aire que respiro, en las plantas que riego, en la comida que cocino, en los pliegues del tiempo y del no tiempo, en la canción que tarareo, en la ducha caliente y el pelo recogido, y lentas muy lentas pasan las horas de tanto que anhelo volver a verlo.

Al fin llega el momento de salir y no sé que ponerme. El ropero se me antoja gris, anodino, al gusto de una extraña. Me decido por unos jeans y una camisa entallada de color teja. En el espejo me veo guapa, radiante.

Voy a pedirme un taxi. Junto al teléfono, envuelto en un papel de regalo de fealdad inenarrable un pequeño paquete con un escueto y estándar "Felicidades".
No lo abro.
Compruebo que llevo dinero en el bolso y salgo.

Cardiología.
Desfile de ansiedades, penoso trajinar de resignaciones. Enfermedad, decrepitud y muerte.
Cuanto dolor y tristeza, cuanto temor a la última y definitiva pérdida.

Siento una fuerza compasiva que se abre paso en mi interior, y cómo detrás del dolor, allá en el fondo, mana incesante el elixir gozoso de un amor sin objeto, impersonal, universal y excelso.

Pregunto por JJ. Tras hacerse unas pruebas, ha pedido el alta voluntaria bajo su responsabilidad y se ha ido, Me siento desolada.

Sobre la mesa de mi despacho un electro y una radiografía. ¡Qué alegría! Tal como me dijo, su corazón ha renacido. ¡Oh maestro, cuando volveré a verte!

Café a media mañana, los terrones se disuelven impotentes, tres meses de vanos intentos por saber algo de JJ. Entre tanto, la vida empujando, intensa , llena de cambios. La soledad, ahora sí, plena, la ilusión del trabajo como entrega, una felicidad que se irradia sin reserva.

Se acerca Elena. Le veo preocupada, triste. ¿Puedo hablar contigo? Claro, le contesto. Si quieres, ahora mismo. Entramos en mi despacho. Nos sentamos una a frente a la otra, la mesa como frontera.
De momento, calla. Diez años trabajando juntas y es la primera vez que hablamos con cierta intimidad. Años de envidias y recelos mutuos.
- Ana, dice, mi marido lleva tiempo en paro y ha cambiado. Entre el y yo ya no... y vuelve a callar al tiempo que levanta la vista y la detiene, como perdida, en ese resquicio donde uno ve pasar toda su vida. Repentinamente me mira. Ana, ¡no puedo más! y comienza a sollozar con amargura. Me levanto con ademán de abrazarla y se deja. Perdóname Ana por todos estos años. No te soportaba. Me parecías fría, distante e intolerante. Ahora estás distinta, y siento haberme equivocado tanto contigo.
- No importa, Elena, eso ya pasó.
- Eras todo lo que yo deseaba ser y nunca podría alcanzar.
- Si supieras, Elena, lo infeliz que era. Nos miramos a los ojos con franqueza y sin mediar palabra nos echamos a reír como dos colegialas alocadas.

Se seca las lágrimas y se ahueca un poco el pelo. Gracias por todo, Ana dice y se dirige hacia la puerta, pero, justo antes de salir, se vuelve. Casi lo olvido, esta mañana ha llegado un paquete a tu nombre. Lo he dejado en tu taquilla.

Gracias Elena.

Con mi nombre escrito a mano, cuidadosamente envuelto en un papel azul oscuro muy elegante, parece contener un libro.

Lo abro despacio para comprobar que en efecto es así.

Leo el título "Vida y enseñanzas de Guru Rimpoché" y mi corazón se acelera desbocado. Pero, hay más. Un recorte de prensa y una foto. Es una esquela. JJ ha muerto. El dolor me aprieta hasta ahogarme. Entro corriendo en mi despacho y lo cierro con llave. Me desplomo en la butaca sin ser capaz de encontrar ni un solo pensamiento que pueda consolarme. Con aturdimiento, cojo entre mis manos la fotografía. En ella JJ y a su lado una mujer mayor, aquella con la que salté al vacío hace tres meses en mi primer sueño revelador.

Detrás, escuetamente, una dirección.

Mi corazón se inflama de amor y gratitud por la certeza de que mi anhelo de ver de nuevo a mi maestro se cumplirá.

Amorrortu



viernes, 4 de julio de 2008

Felicidades santa Isabel



Hoy es el santo de la niña petete, petete,
santo feliz,
santo feliz,
santo felizzzzz
santo felizzzzz,
santo feliz,
felizzzzzzz
felizzzzzzzzzzzzzzzzzz

Es mas fácil cuando es el cumple jajaja
Pos si soy la primer sí... :D

Aquí tienes mi regalo puedes escoger el que quieras :P

Solo para ella, eh, los demás ni darle al enlace, que mirad que yo lo sabré... :P
Tu regalo

muchas felicidades cariño