Una vez hubo un hombre que soñaba cada noche con encontrar al amor de su vida. Sí, ansiaba el amor de una mujer, pero no el de una mujer cualquiera; él buscaba el Amor verdadero.
Con el tiempo creyó haberlo encontrado y vivió muchos años con esa "idea". Sin embargo no era feliz pues nada de lo que él había creído sobre el Amor puedo llegar a experimentar. El insistía, perseveraba, pero todo era inútil. Y era tal su ceguera que aun así estaba convencido de que ese amor era verdadero.
Un buen día descubrió que no era amor lo que él había sentido, sino miedo... y el miedo es lo opuesto al amor.
Desde aquel descubrimiento algo en él empezó a cambiar. Daba muchos palos de ciego pero a cada paso que daba su visión sobre el Amor se transformaba.
Comprendió que " Aquellos de nosotros que hemos buscado la perfección hemos tenido que aprender a las duras que la perfección no existe. Las demás personas no están aquí para hacernos felices. Están aquí para ayudarnos a aprender. Estamos aquí para amar y aprender. No estamos aquí para forzar el aprendizaje o el amor, sino para dejar que cada uno de ellos nos lleve de manera natural hacia el otro. Cuando uno está presente, el otro también.
De modo que la vida no siempre va por donde yo quiero. A veces quiero que me complazcas, y tú estás en mi vida para ayudarme a despertar. Estás aquí para ayudarme a que aprenda a responsabilizarme. Bailamos esta danza en la que yo sigo intentando que tú me des lo que quiero y tú sigues alejándote. Empiezo a pensar que no me quieres. Empiezo a tener resentimiento haci ti. Me siento enfadado porque creo que te niegas intencionalmente a satisfacer mis necesidades.
Pero tú no estás aquí para satisfacer mis necesidades. Estás aqui para mostrarme mis necesidades a fin de que yo pueda aprender a satisfacerlas por mí mismo. Éste es tu propósito y, cuando lo cumples, nos liberas a los dos.
¿Sabes?, creo que quiero que tú satisfagas mis necesidades, pero, en el fondo, eso no es verdad. Quiero que tú satisfagas tus necesidades. Quiero que tú seas feliz. Sólo necesito saber que si te alejas de mí, no me estás rechazando. Sólo necesito saber que me quieres.
Cuando sé eso, no quiero interponerme en tu camino. De hecho, te abriré la puerta y te desearé que todo te vaya bien.
Yo no quiero ser la persona que te retenga en contra de tu voluntad. Y no quiero que se me retenga en contra de la mía.
Sé que todos somos libres de elegir. Sólo necesito saber que, cualquiera que sea tu elección, seguirás queriéndome.
Ésto es lo que necesita mi niño. Y aunque sigo haciéndome mayor, ese niño no se va. De hecho crece y se hace más atrevido en mi corazón. Aprende a pedir lo que necesita.
Ya no le avergüenza pedir.
Antes trataba de manipular y de controlar, e insitía en salirse con la suya. Pero eso era porque no se le escuchaba. Ahora que él sabe que yo le escucho, pide cosas muy simples: << Sólo necesito saber que me quieres>>.
En mi dolor, en mi confusión, en mi herida, en mi tristeza, sólo necesito saber que soy amado. Si sé que soy amado, el dolor empieza a disiparse. La separación se va superando gradualmente.
Cuando sé que soy querido, algo ocurre. Pero no puede ocurrir hasta que sé que lo que quiero es amor, y tengo la valentía de pedirlo.
Mis sentimientos son una comunicación interna que me dice que no me estoy sintiendo amoroso hacia mí mismo ni hacia los demás. Me he excedido o me he quedado corto, he permitido que alguien me pisara o he pisado a alguien. No me estoy sintiendo amado. No me siento amoroso.
Esto es lo que debo reconocer. Y entonces, cuando lo reconozco, debo decidir que lo que quiero es amor. No puedo continuar con este proceso de perdonar a menos que decida ahora mismo que lo que quiero es amor.
Sí, está bien sentir mi dolor, pero el dolor simplemente me dice que lo que quiero es amor. Sentirme separado, enfadado, envidioso, culpable o triste simplemente me dice que lo que quiero es amor.
Lo increíble es que cuando no justifico no condeno, mis sentimientos me llevan a un vacío que sólo el amor puede llenar. Y el amor siempre comienza en mi propio corazón.
Tu amor se puede unir a él, pero yo no puedo depender de tu amor. El amor entra cuando empiezo a quererme a mí mismo. Y el amor entra cuando empiezo a quererte a tí". (Paul Ferrini)
Cuando comprendió todo ésto, apareció ella, y ella le dijo: "He recorrido medio mundo buscándote y por fín te he encontrado".
Y él sintió que, sin buscarlo, lo había encontrado; se había perdonado a sí mismo.
8 comentarios:
La vida es mas sencilla de lo que parece..lo hermoso del viaje...es la manera en que vas creciendo,aprendiendo,preparandote y comprendiendo que los sueños nacen en el corazon con un proposito ...y que estos se veran cristalizados sincronicamente en el alma del universo...hasta su plena realizacion en el momento oportuno; porque:ka katuv!!todo esta escrito...
:-)
Fuego, ese camino, es muy personal....todos repetimos.
Es un regalo interno, ó al menos así lo vivo yo.
Yo lo he vuelto a empezar desde el pirineo Aragones.
Feliz 2011 y un abrazo
fuerte,,,fuerte para los dos.
Pete.
" sincronidad "
Lo voy organizando según el tiempo que tengo.
Seguro que lo consigues, ánimo.
Comparto tu sentir, niña!!!!!!
Vive le ahora!!!!
Besos
Hermosa tu entrada. Me sentí muy cómoda aquí, bonita música! Vuelvo.
¿Quién es "Paul Ferrini" que ve todo tan claro? La evidencia, por ser evidente, nos confunde, jajaja,¡tonticos!
Gracias, Nueva Luna (con tres meses de retraso!)
Un abrazo
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