Ayer, que podría haber sido hoy, me permití ciertas licencias con una persona. Ayer aconsejé, sugerí, opiné...nada nuevo bajo el sol. Es algo que verdaderamente me cuesta en ocasiones retirar de mi repertorio de acciones. Pero ayer lo hice. Lo extraño del caso es que, en el fondo, en lo más profundo de mi ser, algo o alguien me decía que esos consejos, esas opiniones, esas sugerencias, no iban dirigidas a otra persona sino a mi mismo. Pero lo hice tan convencido que me ha costado un dia en darme cuenta de lo que había hecho. No tendría mayor trascendencia si la persona hubiera sido una conocida, pero no lo era. Lógico es que ella me juzgue por mis juicios y lógico es que de todo esto aprenda que lo único que he de hacer es ecuchar, pero sobre todo escucharme a mi mismo. Ahora toca reflexionar, reciclar toda esa basura emocional que suelo acumular cuando llego a estos extremos. Rescataré lo que aun sirve y desecharé lo que ya no me es útil.
sábado, 13 de diciembre de 2008
La meta es el olvido; yo llegué primero
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domingo, 23 de noviembre de 2008
El sexto elemento del zen: la naturalidad
Para entender la naturalidad o suavidad del zen, es útil tener ciertos conocimientos sobre las nociones taoístas de yin y yang. Literalmente, yin y yang se refieren a los principios masculino y femenino. Se expresan en el contraste entre hombre y mujer, bien y mal, luz y oscuridad, dia y noche, positivo y negativo, explícito e implícto, fuerte y débil, etc. La pareja, expresada como yin-yang, es el emblema del taoísmo. Muestra las dos fuerzas cósmicas fundiéndose, con algo de yin en el lado yang y viceversa. Según la noción taoísta, es la interacción entre el yin y el yang lo que pone en movimiento el universo y crea toda la vida.
Mientras que la mentalidad occidental suele visualizar el bien y el mal como dos fuerzas opuestas, en que cada una intenta aniquilar a la otra, el taoísmo las imagina dependientes entre sí y complementarias. El yin-yang es el símbolo primordial de la tensión creativa, sin la cual la vida y el crecimiento no son posibles. La consideración de que los opuestos son complementarios es esencial en la actitud natural del zen hacia la vida.
Esta naturalidad es esencial para embellecer la vida y santificar el trabajo; supone seguir el ca mino de la naturaleza, no oponerse a ella. Evita los derroches de energía y mejora la productividad.
El opuesto de la naturalidad es la violencia, que significa cualquier acción que se opone a la realidad. En nuestra sociedad impera la violencia espiritual; la mayoría somos violentos de una forma u otra por falta de clarividencia ante la naturaleza de la realidad. A menudo ni siquiera nos percatamos de nuestra violencia. Un ejemplo pertinente sería la actitud antagónica ante la muerte. En la actualidad, la muerte no se acepta como un hecho inevitable de la vida y la tecnología médica está orientada a combatirla a toda costa. Tal violencia ha generado mucho sufrimiento en los pacientes y en la sociedad en su conjunto.
C.S. Lewis calificó el cristianismo de "religión combativa". Esta definción es engañosa: lo que Jesús enseñaba era el arte de "vencer mediante la derrota", una especie de judo espiritual. En el sermón de la Naturaleza, Jesús utilizó los pájaros del cielo y los lirios del campo para ilustrar el arte de la naturalidad. Adviértase que aunque los pájaros son alimentados y los lirios son vestidos por la mano invisible de Dios, también están expuestos a los elementos y a otros factores desconocidos. Los pájaros tienen predadores naturales y los lirios sufren sequías e inundaciones. También, al igual que nosotros, son vulnerables a los factores esenciales de la vida: la enfermedad, el envejecimiento y la muerte. En efecto, Jesús describió a los lirios como seres que "hoy están vivos y mañana son arrojados al fuego". La providencia no implica seguridad ni una existencia prolongada.
Sin embargo, tanto los pájaros como los lirios parecen capaces de adaptarse a su entorno y vivir sin preocupaciones, protestas ni quejas. Por tanto, preguntó Jesús, si esas "existencias inferirores" pueden hacerlo, por qué para nosotros, como seres humanos, es tan difícil hacer lo mísmo. Jesús alabó la naturalidad de los pájaros y los lirios; es ésta la que los permite vivir plenamente, a pesar de todo.
El principal objeto del sermón de la Naturaleza no es la providencia, sino el poder de la debilidad. Como ha señalado Alan Watts, los lirios son "frágiles y frívolos, suaves e inconsecuentes y por tanto poeseen las cualidades de esa sabiduría vegetativa tan despreciada por los que usan sus voluntades de hierrro y sus nervios de acero para luchar por las buenas causas y competir por lo justo".
Jesús enseñó que la espiritualidad no es una cuestión de resistencia o una exhibición de fuerza de voluntad. Lao Zi, fundador del taoísmo chino, señaló que "la bondad suprema es como agua". El agua es el maestro perfecto de la naturalidaad: toma la forma de cualquier recipiente donde se vierte. El agua no se resiste a la realidad; se adpata a ella. Es en esta capacidad de adaptación donde reside su fuerza superior. En el Tao Te Ching, Lao Zi subrayó la fuerza del agua:
La cosas más débiles del mundo pueden superar a las más fuertes. Nada es comparable al agua en cuanto a su naturaleza débil y flexible; sin embargo, nada ha demostrado ser mejor para atacar lo rígido y lo fuerte. Porque no hay otra alternativa a esto. Lo débil puede superar a lo fuerte, y lo flexible puede superar a lo rígido.
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Etiquetas: Zen
domingo, 21 de septiembre de 2008
La resiliencia
¿Os habeis preguntado alguna vez cómo es que hay personas que superan las adversidades de una forma increible y otras en cambio se hunden en su propia miseria para siempre?. Gran parte de esa capacidad, que es innata pero también se adquiere, se debe a lo que se llama "resiliencia". En terminos cientificos, resiliencia es la capacidad de un objeto para volver a su forma original después de haber sido deformado. Eso, aplicado al ser humano nos da una idea de todo lo que éste término encierra. Pero no voy a seguir hablando de este concepto, mejor lo buscais en el Google, sólo voy a dejaros unas indicaciones para desarrollar esa capacidad en nosotros.
¿Cómo desarrollar la capacidad de resiliencia?
1- Desarrollar una sana autoestima: Creando y sosteniendo autoconfianza, autoimagen positiva; aprender a conocernos, aceptarnos y valorarnos de manera realista y comprensiva.
2- Seguir la vocación. Orientar la energía hacia el talento y el bienestar. Es decir, invertir energía y tiempo suficientes en aquello que nos gratifica y sobre lo que tenemos habilidad o dominio.
3- Ser asertivos. Ejercitar una comunicación clara, honesta y oportuna, que nos permita prevenir y resolver malos entendidos, y evitar "coleccionar" y "tragarnos" lo que nos incomoda y convertirlos luego en resentimientos.
4- Ser optimistas. Ver el lado positivo del mundo, de la vida y de nosotros mismos. Esto es, buscar y esperar que suceda lo mejor.
5- Reencuadrar los resultados. Aprender a ver los eventos indeseados como aprendizajes necesarios y no como fracasos autoatribuidos.
6- Desarrollar relaciones positivas. Vincularse de manera cercana, estable y positiva para el disfrute de los vínculos y su utilización como base de apoyo emocional mutuo.
7- Ser precavidos. Actuar preventiva o proactivamente, pensando antes de que las crisis aparezcan.
8- Ser creativos. Trabajar en el ejercicio de la creatividad, a fin de adquirir la capacidad de buscar soluciones y salidas de manera diversa y flexible.
9- Definir metas significativas. Planificar metas y objetivos razonables que no rebasen la capacidad de realización del sujeto.
10- Desarrollar autocontrol. Aprender a regular la reactividad, sirviéndonos de la racionalidad y de la lógica. Saber cuando frenar evita muchos problemas.
11- Reducir expectativas. Aprender a esperar menos de los demás y tener sobre uno mismo expectativas razonables basadas en hechos, nos evita frustraciones.
12- Centrarse en el proceso. Aprender a vivir cada momento de cada día de la mejor manera posible, y no centrarse únicamente en el resultado final.
13- Hacer ejercicio. La práctica de ejercicio diario, libera las llamadas "hormonas del estrés" como: el cortisol, la adrenalina y la noradrenalina, y potencia la producción de hormonas positivas para el organismo.
14- Practicar relajación. El entrenamiento en relajación y meditación promueven una nivel de serenidad que favorece la tolerancia a situaciones estresantes.
15- Orar. La oración abre una brecha espiritual que colinda con la fe. Ha sido elemento clave en la aceptación de tragedias y la superación de enfermedades como lo han señalado y probado Norman Cousins, Bernie Siegel, Deepak Chopra y Hebert Benson, entre otros.
He aquí una reflexión con indicaciones concretas que os ayudarán a mejorar la calidad de vuesttra vida, a través del desarrollo de la capacidad de la resiliencia.
Y,para consolidar la resiliencia, tenemos derechos:
1- A ser tratados con dignidad y respeto.
2- A equivocarmos y ser responsables de nuestros propios errores.
3- A tener nuestras propias opiniones y nuestros propios valores.
4- A tener nuestras propias necesidades, tan importantes como las de los demás.
5- A experimentar y expresar nuestro pensamiento propio, así como a ser sus únicos jueces.
6- A cambiar de opinión, idea o línea de acción.
7- A protestar cuando somos tratados con injusticias.
8- A intentar cambiar lo que no nos satisface.
9- A detenernos a pensar antes de actuar.
10- A pedir lo que queremos.
11- A hacer menos de lo que humanamente somos capaces de hacer.
12- A ser independientes.
13- A decidir qué hacer con lo que es nuestro, con nuestro propio cuerpo y nuestro
tiempo.
14- A sentir y expresar el dolor.
15- A ignorar los consejos.
16- A rechazar peticiones sin sentirnos culpables o egoístas.
17- A estar solos aún cuando otros deseen nuestra compañía.
18- A no justificarnos ante los demás.
19- A no responsabilizarse de los problemas ajenos.
20- A no anticiparse a las necesidades y deseos de los otros ni estar pendientes de
su buena voluntad.
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Etiquetas: Psicología
jueves, 21 de agosto de 2008
¿Qué más puedo pedir?
Desde luego, escribir en este blog o en el otro es una de las cosas que me llenan de satisfacción. Hacer por el placer de hacer, no tiene precio. No buscar una finalidad, tan sólo dejarse llevar, lo considero fundamental. Porque en última instancia, es el corazón el que me dice qué es lo que he de hacer. Por eso catalogar las cosas como buenas o malas no es acertado, quizá lo acertado sean los términos "adecuado" y "menos adecuado". Lo que ocurre en mi vida es sólo circunstancial. Todo pasa antes o después, lo importante es vivir esa situación siendo consciente de que es inherente a mi propia existencia, lo cual no implica que me tenga que resignar, aunque sí es adecuado que sepa aceptarla y después soltarla.
En la vida hay momentos para todo. No puedo evitar que sucedan pero sí que puedo decidir cómo quiero vivirlos.
He estado alejado un tiempo de mi rutina diaria y he podido percatarme de que cuando yo soy yo, no importa dónde esté, no importa con quién esté, lo único que verdaderamente importa es que en esos momentos en los que soy yo es cuando realmente estoy viviendo, no ya el momento, sino mi propia vida.
Vivir la vida de otra persona es muy cansado y nada adecuado. Vivir la propia vida puede ser arriesgado pero es lo que mas alegrías proporciona. Vivir siempre fue arriesgado, sólo hay que retroceder en el tiempo, pero una vida sin riesgo se hace monótona. No hablo de riesgos que pongan en peligro la propia existencia, hablo de atreverse a vivir lo cotidiano, lo sencillo.
Es de noche y estoy tumbado mirando el cielo. Estoy en un lugar privilegiado. La contaminación lumínica es escasa y puedo apreciar las estrellas como nunca. ¿Qué más puedo pedir?.
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Etiquetas: Reflexiones
jueves, 10 de julio de 2008
Crecimiento interior
El ser humano es un ser puramente espiritual por naturaleza, no es sólo un cuerpo, es un ser espiritual dentro de un cuerpo. Su tendencia natural es que ese ser espiritual se manifieste y una de las formas de manifestarse es mediante el crecimiento interior. Paradójicamente, es imposible crecer en un mundo ideal, sin obstáculos. Son nuestras respuestas a estos estímulos “negativos” y no los estímulos en sí, los que desarrollan o no nuestra capacidad combativa. Cuando alguien nos trata bien, respondemos bien, si nos tratan mal respondemos mal. En realidad no estamos haciendo uso de nuestra capacidad de libre elección sino que nos convertimos en un reflejo del exterior, en otras palabras, actuamos de forma condicionada. El hábito de responder de un modo condicionado al estímulo es uno de los factores que impiden nuestro crecimiento. Hemos aprendido, no a crear nuestra propia respuesta sino a vivir pasivamente la respuesta que se produce con arreglo al estímulo, ya sea positivo o negativo. Respondemos según lo aprendido y nos pasamos la vida repitiendo las mismas respuestas ante los mismos estímulos. Por eso nuestra vida se convierte en una lucha constante en la que se buscan los estímulos positivos y se huye de los negativos. Esto hace que estemos manipulando el exterior para este fin y a la vez somos manipulados también por ese exterior.
Otro factor que impide nuestro crecimiento es el modelo de comportamiento que nos impone el exterior. El exterior nos dice cómo hemos de ser y cómo no hemos de ser. El exterior incluso nos dice cómo debemos pensar y cómo debemos sentir. Si no cumplimos con el modelo entonces somos juzgados y condenados, criticados y rechazados por ese exterior. Aceptando este modelo del exterior nos estamos impidiendo ser espontáneos. Lo exterior pasa a ser la norma. Dejamos de ser nosotros mismos y hasta nos prohibimos crecer.
Todo esto tiene mucha importancia en el desarrollo del niño ya que a posteriori condicionará su vida de una forma u otra. Desgraciadamente en esta sociedad se valora más la forma de ser (lo que impone el modelo) que el ser (la realidad profunda del individuo).
Debemos de darnos cuenta en qué medida todo esto está influyendo en nosotros. Como ignoramos lo que está pasando en nosotros, porque no lo miramos, sólo nos damos cuenta de que vivimos insatisfechos y por eso tratamos de conseguir satisfacción con los medios que hemos adquirido con nuestra experiencia como son buscar una personas determinadas, unos estímulos determinados, unas ideologías y circunstancias más favorables que creemos que producen en nosotros un estímulo de esperanza, de amor, de satisfacción. En definitiva, siempre vamos buscando que el exterior nos de bajo la amenaza que el exterior nos lo quite. Estamos viviendo fuera de nosotros y asi es imposible que podamos encontrarnos a nosotros mismos. Idealizamos y proyectamos.
La única forma de poder cambiar todo esto, de poder darnos cuenta de qué nos está pasando es simplemente “mirar”, no pensar, porque al pensar estamos juzgando y cuando pensamos en algo nos convertimos no sólo en sujeto pensante sino en objeto pensado y entonces es cuando surge la confusión. Por eso tan solo hay que mirar, sin más. Es la única manera de darnos cuenta.
Todo lo que he dicho aquí está dicho con mis palabras pero pertenece a Antonio Blay, uno de los más destacados “hombres” que ha dado este país. Mi más sincero agradecimiento hacia él por el gran trabajo que hizo.
_________________________________________
Y ahora quisiera dejar un texto de alguien a quien considero un hermano y que es muy apropiado para este escrito, por su lucidez, por su brillantez y por su contundencia:
“A veces para nacer hay que morir primero, pero lo que hay que matar son los viejos convencionalismos que no nos han llevado a ninguna parte, que nos hacen sentir culpables, vulnerables, que no somos lo suficientemente buenos, que no merecemos nada.
Nos han enseñado que la vida tiene un gran sentido y cuando no se lo encontramos nos desesperamos, nos sentimos vacíos y nos queremos morir, pues yo te voy a decir una cosa, la vida no tiene ningún sentido pero es una gran oportunidad para buscar uno, las respuestas a tantas preguntas posiblemente sea nada y sólo los valientes pueden vivir en esa nada, pero esa nada nos da la oportunidad para hacer muchas cosas.
El secreto de la vida es conocerte, aceptarte, amarte y conectar con el centro de tu ser.
Todos estamos solos, la compañía es sólo una ilusión, los demás sólo son un bonus, debemos ser felices sin ninguna razón, sin esperar nada, el que no puede ser feliz simplemente porque si, el que necesita algo externo jamás será feliz, siempre pospondrá su felicidad, siempre buscará alguna excusa para no ser feliz.
Ahora bien, los sentimientos y los pensamientos debemos aceptarlos y rendirnos a ellos, así que llora y desahógate todo lo que puedas, no te reprimas nunca por ninguna razón porque hace gran daño.
Todo es cuestión de actitud y comenzar de nuevo es muy difícil, es un camino largo, yo llevo más de tres años en la lucha, pero vale la pena.
La mente es un infierno, hay que aprender a manejarla no dejes que se apodere de ti, tómate una oportunidad, eres valioso porque eres parte de la creación, eres parte del todo.
Recuerda que todo es cuestión de actitud y que somos nosotros los que decidimos como reaccionar a las cosas.
Los deseos hay que tenerlos pero hay que soltarlos porque si nos aferramos a ellos se convierten en una fuente inagotable de sufrimiento.
Eres todo lo que tienes que ser y mientras busques algo más nunca lo encontrarás.
Tú no eres tu ego, tú eres mucho más que eso.
Deja de estar distraído, deja de estar dormido y ¡despierta a la vida!”
Luis Monroy Saladén
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domingo, 8 de junio de 2008
El ángel que quiso ser hombre
Este relato se lo he pedido prestado a mi amigo Craven. Espero que os guste.
Esta es una historia de amor, pero no una historia de enamorados. Es la historia de un ángel. La historia de un ángel que renunció a su condición divina para ser hombre. Conozco bien esta historia porque él mismo me la contó. Yo la contaré como la siento, o quizá...como el la sentía.
No hace mucho hubo un ángel, uno cualquiera; era como todos los ángeles. Era feliz por lo que era, no por lo que tenía, no por lo que hacía. Pero un día, un día como otro cualquiera, sintió la necesidad de ser hombre. Y asi, cabizbajo acudió a hablar con Dios. Él ya sabía a qué venía el ángel y, antes de que pronunciara una sola palabra, le dijo:
"Nadie te ata para que estés a mi lado. Serás lo que tú quieras ser. Tan solo quiero que sepas que con el tiempo olvidarás quién eres. Eso es propio de mi creación más perfecta: el hombre. Pero no temas, todos los hombres tienen la capacidad de volver a ser quienes son, solo tienen que recordar y elegir ser. Desea todo lo que quieras, no hay límites, no te preocupes de si actuas bien o si actuas mal, tan solo preocupate de que tus deseos no se conviertan en necesidades. Ve, y recuerda que nunca estarás solo por muy dificil y dolorosa que sea la situación que se te presente".
Y asi, el ángel se mezcló entre los hombres, como un hombre más...
Como hombre que era conoció todo tipo de situaciones, supo del amor y del desamor. Supo de la envidia, de las traiciones y del odio. Supo de la indiferencia, de la tristeza y del dolor. Supo de la amistad, de la sinceridad y de la desconfianza, del miedo, del orgullo; supo del ego y de la necesidad de ser amado y alabado. Era un hombre y había olvidado.
Con el paso del tiempo empezó a tener otras necesidades. Se sentía vacio. Había vivido grandes experiencias, había gozado y había sufrido, había deseado todo lo que los hombres puedan llegar a desear, pero habia hecho de esos deseos una necesidad. Y un dia tuvo un recuerdo, recordó que podía elegir, pero en lugar elegir "ser" eligió "hacer". Fué entonces cuando se dedicó a los demás. Y cuanto más dedicaba su tiempo a los demás, más creía estar aprendiendo. Es cierto que ayudó a muchos hombres y mujeres a encontrar su camino, sin embargo, el suyo propio era cada vez más incierto. Llegó a ver en el corazón de la gente, llegó a comprender; era capaz de darse cuenta de todo lo que sucedía a su alrededor. Nada escapaba a sus sentidos, ni el más mínimo de los detalles. Sabía de todos los sufrimientos y de todas las alegrías, de todos los secretos mejor guardados, de todas las verdades y mentiras de la gente que le rodeaba...pero era incapaz de descubrir su propia verdad. Y sufría, sufría lo indecible.
Escuchó muchos consejos de gente que le quería pero ninguno de ellos era adecuado para él. Cultivó su mente, estudió, aprendió de diversas culturas, pero tan solo adquirió conocimientos, conocimientos que eran útiles para otras personas, pero no para él.
Pero un dia presenció algo muy doloroso para él, algo tan doloroso que todo su ser se retorció tan profundamente que pensó que moriría de pena. Se retorció tanto que pudo verse a sí mismo...y entonces fue cuando recordó quién era y se dió cuenta de que todo lo que había aprendido en su vida de hombre no le servía para nada porque no lo necesitaba. Comprendió que sus deseos no podían convertirse en necesidades, recordó que el amor es lo mas importante de la vida, pero sobre todo el amor para con uno mismo. Entendió que nada ni nadie podían ser tan importantes como para anteponerlos a él mismo. Entendió que el sufrimiento es solo una elección y que podia ser feliz por lo que ya era y no por lo que hacía. Y fue entonces cuando empezó a dejar atrás todo lo que había conseguido en su vida de hombre: dejó cosas, soltó a las personas a las que había ayudado; las dejó marchar de su mente y las guardó en un lugar de su corazón; dejó atrás los pensamientos que el mismo se había creado y que tanto le torturaban, rompió con las normas y las reglas que se había autoimpuesto...
Y por primera vez en su vida de hombre sonrió como nunca habia sonreido. Por primera vez tuvo paz y felicidad duradera. Tan solo tuvo que mirar hacia su interior y...recordar.
FIN
Yo solo puedo añadir a esta historia una cosa: "Si crees que lo sabes todo es que no has entendido nada"
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Etiquetas: Vida
viernes, 6 de junio de 2008
¿Hacer o ser?
Me pregunto porqué le damos tanta importancia a "hacer" y dejamos de lado el "ser". Parece una pregunta simple y carente de profundidad. Pero no busco la profundidad, sino la simpleza. Hacer nos divierte, nos distrae de los problemas cotidianos, nos enriquece. Hacer evita que perdamos nuestro tiempo, que es limitado, que es incierto. Hacer da para mucho, sin embargo "ser" es navegar por la abstracción, por lo intangible, por lo difuso. Pues no. No somos lo que hacemos, realmente no sabemos lo que somos por eso nos queda el "hacer" como via de escape. No descarto el hacer, pero el hacer es algo secundario. Nuestra vida pasa y no somos, solo hacemos. No nos damos cuenta de quienes somos y de quienes queremos ser, solo hacemos, pero no hacemos para hacer, hacemos para olvidar, para olvidar que ya somos. Tan solo tenemos que recordar. No hay nada que aprender, solo es preciso recordar, y esto sólo es posible siendo. El "hacer" es como la carretera de esta preciosa fotografia, el "ser" es como el rio de la misma foto. Pero nos empeñamos en que sea al reves: el hacer el rio, el ser la carretera.
El dia que en que nos permitamos "ser", el hacer ya no será un objetivo sino una fuente inagotable de alegría y felicidad, porque nacerá de nuestro ser y no tendrá caducidad.
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sábado, 17 de mayo de 2008
Relación de ayuda
A lo largo de la vida nos vamos encontrando con personas de todo tipo. Muchas de ellas nunca llegan a significar nada, otras dejan una profunda huella que a veces dura y persiste con el paso del tiempo. Otras veces son personas que han significado mucho pero que luego dejan de tener ese "algo especial" que tenían al principio. Pero de una manera u otra esa personas han formado parte de nuestras vidas; pueden ser personas que nos hayan ayudado o personas a las que hemos ayudado de alguna manera. En mi caso, soy consciente de que una relación de ayuda debe "ayudar" y no entorpecer. Por eso siempre observo cinco premisas antes de lanzarme a la tarea. Por supuesto intento no entrar si la persona no lo pide, aunque reconozco que a veces es dificil.
Estas cinco premisas son: Hablaré a su debido tiempo, no a destiempo. Hablaré de verdad, sin falsear. Hablaré suavemente, y no con palabras duras. Hablaré con intención positiva, y no negativa. Hablaré amablemente, sin enfadarme.
Lógicamente, la empatía es fundamental, pero hay que evitar el querer "ponerse en lugar del otro", dado que esto es imposible...
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sábado, 10 de mayo de 2008
viernes, 2 de mayo de 2008
Soltar. Saldar los asuntos pendientes.
Hoy ha sido un gran dia. He hablado con alguien a quien quiero mucho y de quien me había alejado de forma incomprensible pero real y dolorosa. He podido sincerarme con ella y sentirme dichoso y en paz conmigo mismo. Hoy, verdaderamente, he podido comprobar que no hay nada más gratificante que poder resolver los asuntos que muchas veces tenemos pendientes con personas a las que queremos pero que, por miedo, vergüenza, rabia o cualquier otro sentimiento, emoción, idea o pensamiento lo vamos postergando. Y no tenemos más que una vida, por tanto ¿No es mejor resolver esos asuntos pendientes ahora? ¿Por qué llevar ese lastre con nosotros, si al final nos vamos a arrepentir de no haberlo hecho antes? Las cosas se dicen o se resuelven cuando hay vida, eso nos permite morir en paz, nos permite “irnos” ligeros de equipaje.
Y a ti, que se que ahora me estás leyendo, te doy las gracias por haber estado ahí, te doy las gracias por ser mi amiga y el haberme facilitado ese “trabajo” que tenía pendiente contigo.
Gracias de todo corazón.
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miércoles, 23 de abril de 2008
El quinto elemento del zen: el wu-wei
Literalmente significa «no hacer nada», aunque en cierto sentido es casi el opuesto directo de la inacción. La mejor traducción de wu-wei que he encontrado es la de Huston Smith, que describe el término como «quietud creativa». Indica el estado paradójico en que la actividad suprema coexiste con la relajación suprema. Smith explica así el significado del término:
Como se ha comentado, la relajación es un requisito previo a la espiritualidad. Un problema de la sociedad actual es su excesiva orientación a la consecución de objetivos: tendemos a esforzarnos incluso en aspectos donde el esfuerzo no es apropiado. El arte no es una cuestión de alcanzar objetivos; tampoco lo es la espiritualidad. Si intentamos convertirlo en una cuestión de objetivos, se transforma en un medio para conseguir otra cosa: fama, dinero o respeto. Cuando esto sucede, se afea, ya no es arte. En el verdadero arte, lo importante es divertirse y disfrutar; debería ser un fin en sí mismo.
Al ser un arte, el zen no tiene objetivos ni utilidad; pero ahí reside precisamente la gran utilidad de tal «falta de utilidad»: nos permite relajarnos y disfrutar de la vida tal como es. Por ello Jesús dijo «mi yugo es suave, mi carga ligera» (Mateo II,28-30). La vida es «suave» si se sabe cuándo dejar los asuntos en manos de Dios.
Jesús ilustró bellamente el principio del wu-wei en su Sermón de
Kenneth S. Leong
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sábado, 19 de abril de 2008
El cuarto elemento del zen: la clarividencia
Clarividencia en cuanto a “facultad de conocer y discernir claramente las cosas”, no en cuanto a facultad paranormal.
La magia cotidiana no puede darse sin clarividencia, que es la capacidad para ver la naturaleza profunda de las cosas. Indudablemente, este conocimiento intuitivo es necesario para apreciar el humor y la poesía. Tanto la risa asociada a un chiste como la dicha asociada al satori se desencadenan por una experiencia de clarividencia. Sin ella, el arte no es posible. La capacidad de discernimiento (ver más allá de lo que es obvio) es esencial en un artista. El pintor Paul Klee comentó que «el artista no reproduce lo visible; más bien hace visibles las cosas».
Jesús mantuvo siempre que la liberación es una cuestión de clarividencia espiritual. La primacía de ésta en el proceso de salvación está cristalizada en la afirmación de Jesús “la verdad os hará libres”(Juan 8,31). En realidad, dado el predominio de términos como “verdad”, “luz”, “ojo”, “oído” y “ceguera” en los Evangelios, no se explica por qué
Adviértase que Jesús distingue entre “mirar” y “ver”; el primero puede ser superficial, pero “ver” requiere profundidad. La verdadera espiritualidad no es posible sin una profunda clarividencia espiritual. En su Sermón de
Primero, los pájaros no se preocupan por su alimento ni los lirios por su vestido; las cosas han transcurrido sorprendentemente bien, incluso sin nuestra intervención o preocupaciones. Los pájaros y los lirios simplemente “confían en Dios”. (Se trata, por supuesto, de una expresión poética, ya que los pájaros y los lirios ni siquiera piensan; pero son metáforas de aquellos que someten sus deseos a los de Dios.)
Segundo, gran parte de lo importante en nuestra vida no depende de nuestro control. Jesús formuló la pregunta retórica: “¿Quién de vosotros, por mucho que se preocupe, añadirá un palmo más a su vida?” (Mateo 6,27). Éste es el hecho central de nuestra existencia: que la propia vida, por muy preciosa que nos resulte, no se halla bajo nuestro control. La aceptación de esta verdad conduce a la paz interior; su negación lleva a la ansiedad y a la frustración innecesarias.
Tercero, ya hay bastante que hacer sin tener que preocuparse por el mañana. Jesús aconsejó: “Dejad que los problemas del día sean suficientes para el día de hoy”.
Preocuparse por el futuro es contraproducente, por la sencilla razón de que dificulta las tareas actuales.
Jesús enseñó la importancia de la clarividencia en su Sermón de
Sin embargo, aunque una vez reconocidas las verdades son una atadura, también liberan y tienden a relajarnos. Como menciona el Sermón de
Son muchos los que han interpretado el Sermón de
Sin embargo, en el pasaje Jesús nos pide que “busquemos primero su reino (de Dios) y su justicia”, lo que significa que antepongamos a Dios. En efecto, dice que una vez lo hayamos conseguido, todo lo demás nos será dado automáticamente. Su postura es clara: en última instancia, la dicha y la paz no resultan de la garantía de que Dios siempre concederá nuestros deseos o cuidará de nuestras necesidades. Es más un asunto de someter nuestro deseo a Dios, lo que significa aceptar total e incondicionalmente la realidad.
Por tanto, no es necesario interpretar el Sermón de
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jueves, 17 de abril de 2008
Lo que no nos dicen (extraido del taller de la muerte)
Alguien dijo:
Nos enseñan historia y geografía,
física y biología,
informática y latín,
un poco de inglés y alemán.
Pero no nos dicen
que el mundo es movimiento,
que lo que viene se va
y que cada suspiro es el último
y que cada mañana es la primera.
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lunes, 14 de abril de 2008
Tercer elemento del zen: el entusiasmo (estrechamente relacionado con la presencia)
El zen es arte y el arte es divertirse. Aquellos que pierden la capacidad de divertirse perderán gradualmente el entusiasmo por vivir. A pesar de la abundancia material de la sociedad actual, los hombres y las mujeres contemporáneos parecen cada vez más deprimidos. ¿Dónde está la equivocación? ¿Por qué hemos perdido nuestro entusiasmo por la vida a medida que la civilización alcanza mayores grados de desarrollo y sofisticación? ¿No deberíamos ser más felices gracias al “progreso” continuado de nuestra sociedad?
Tal vez no deberíamos desalentarnos. Lo que ha sucedido en el plano social tiene un paralelo en el plano individual: a medida que pasamos de la infancia a la edad adulta, también perdemos parte de nuestro entusiasmo por la vida. Estoy convencido de que la edad y la biología influyen, pero sólo en parte. La diferencia también se debe a la psicología de los adultos.
El amor que Jesús sentía hacia los niños es bien conocido y refleja que vió con claridad la relación existente entre psicología y espiritualidad. Dijo que el reino pertenece a los niños (Marcos 10,14) y también que, a menos que nos convirtamos en niños, no entraremos en el reino de Dios (Mateo 18,3). “Ser como niños” es el único requisito especificado por Jesús para entrar en el reino. No es sorprendente, pues los niños son grandes artistas de la vida. Es un placer observar cómo se relacionan con su entorno; tienen una capacidad asombrosa para sorprenderse, jugar, apreciar la belleza y los misterios, ser alegres y desenvueltos. Por desgracia, a medida que crecemos, perdemos gradualmente estas capacidades.
¿Por qué nuestras vidas se vuelven más aburridas y menos gozosas a medida que crecemos? Para responder, es necesario observar las complejas interacciones entre nuestra cultura, nuestra educación y nuestra economía de consumo. Es imprescindible ver cómo la sociedad nos condiciona a la infelicidad. Pero hay también una respuesta más sencilla: perdemos el entusiasmo de vivir porque a medida que crecemos se deteriora nuestra atención y aumentan nuestros apegos.
Los niños apenas tienen apegos. A diferencia de los adultos, aún no se les ha condicionado para que se adhieran a ciertos conceptos, opiniones, valores o formas específicas de hacer las cosas. Por consiguiente, son más creativos y más capaces de disfrutar, incluso con los detalles más insignificantes; ¡basta ver cómo crean un juguete de la nada! Todo niño es un mago. Con la magia de la imaginación, los niños pueden convertir, en un abrir y cerrar de ojos, una escoba en un caballo de juguete. No obstante, a medida que maduramos nuestros apegos y obsesiones crecen también; conducen a emociones que nos confunden, como preocupaciones, ansiedades, deseos y enfado, lo que merma nuestra capacidad de ser atentos y creativos. Cuando la mente está saturada por toda clase de preocupaciones mundanas, es difícil disfrutar de los sencillos placeres de la vida.
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sábado, 12 de abril de 2008
Segundo elemento del zen: la cotidianidad
Muchas personas conciben a Jesús como un hacedor de milagros, pero son pocos los que llegan a conocerle como artista y maestro de “magia cotidiana”. John Welwood, escritor y psicólogo, dice lo siguiente:
Jesús era mucho mas poderoso y eficaz con su “magia cotidiana” que con sus milagros. Los fariseos y los escribas presenciaron u oyeron hablar de los milagros de Jesús, pero le crucificaron de todos modos. No obstante, su “magia cotidiana” ha tenido repercusiones auténticas y duraderas en aquellos que prestan atención. En el Sermón de
En cualquier caso, enseñar lo espiritual mediante lo corriente y terrenal es una característica del zen. Para el occidental habituado a trazar una clara división entre lo espiritual y lo mundano, parece impensable; sin embargo, es lo que hace del zen algo tan interesante y poético. D. T. Suzuki comenta:
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viernes, 11 de abril de 2008
Los once elementos del zen. Primer elemento: la presencia (el más importante).
La presencia hace referencia a la habilidad de la persona para ser totalmente consciente de lo que sucede en su interior y en su entorno. La atención es algo que se puede practicar, asi, "un monje pone toda su atención tanto al avanzar como al retroceder; al mirar o al apartar la vista; al inclinarse y al estirarse; al llevar la ropa o sostener un cuenco; al comer, beber, masticar o saborear; al atender las llamadas de la naturaleza; al caminar, al estar de pie; al sentarse; al dormir y al despertar; al hablar o a al guardar silencio. A todo ello aplica su atención".
Podría afirmarse que la "presencia" es la piedra angular de toda verdadera espiritualidad, independientemente de su origen étnico o cultural. La presencia es algo que Jesús subrayó una y otra vez; los Evangelios están llenos de observaciones de Jesús que empizan con las palabras "atended", "mirad", "escuchad y comprended"...En este sentido, la enseñanza de Jesús se encuentra muy próxima en espiritu a la de Buddha. A fin de cuentas, el buddhismo es una cultura de conciencia. La palabra Buddha, por ejemplo, significa "el despierto". De forma similar, en el Evangelio de San Juan se llama a Jesús "la luz del mundo". En el Sermón de la Montaña, Jesús alertó a sus discipulos sobre la importancia de la conciencia:
"El ojo es la luz del cuerpo. Por tanto si vuestro ojo está sano, todo vuestro cuerpo estará lleno de luz: pero si vuestro ojo no lo está, todo vuestro cuerpo se llenará de oscuridad. Y si la luz es en vosotros oscuridad, ¡cuán grande es la oscuridad!" (Mateo 6, 22-23)
Por supuesto, si el ojo no está sano no pueden verse ni la verdad ni la belleza. Aqui Jesús afirma explícitamente que la conciencia es un requisito de la espiritualidad.
Hasta que hayamos aprendido el arte del silencio, no podremos desarrollar presencia. El silencio requiere una relajación profunda, que a su vez requiere dejar de lado todas las preocupaciones, sean del caracter que sean. La naturaleza de tales preocupaciones puede ser física o mental. La mayoría estamos preocupados por nuestras ansiedades, nuestros deseos, nuestros temores y nuestrso pensamientos. El ruido generado por estas ansiedades, temores y pensamientos es precisamente lo que impide disfrutar del momento presente.
Asi pues, compañeras, practicad la presencia en todo lo que hagais y a cada momento. Sé que es difícil, pero con la práctica llegareis a desarrollar la habilidad y sobre todo la gran dicha de poder disfrutar del momento presente.
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viernes, 4 de abril de 2008
El reino de los cielos
Jesús dijo que el reino de Dios “está en vosotros”. Esto significa que no puede buscarse. Sólo podemos buscar lo que no tenemos; ¿para qué buscar lo que ya está en nosotros?. En realidad, es dicha búsqueda la que obstaculiza nuestro camino hacia lo eterno, porque refuerza el ego. Hay que recordar que la belleza sólo puede experimentarse en la zona sin pensamiento ni tiempo, donde el ego desaparece.
No obstante, muchos siguen buscando el reino porque no reconocen su presencia inmediata (aquí y ahora) en nuestro interior. Tales búsquedas son vanas. La situación sería la de un pez en el océano que busca agua, sin advertir que se halla rodeado de ella. Curiosamente, cuanto más cerca está algo de nosotros, más difícil resulta detectarlo.
Jesús ni confirmó ni negó la existencia de vida ultraterrena. El reino significa acabar con los pensamientos y tanto la afirmación como la negación implican la existencia de pensamiento. El zen trasciende ambas dualidades. El reino de Dios está en la zona sin pensamiento, fuera del alcance de la mente racional/lógica donde domina el hábito de pensar en términos de “A o no A”.
A primera vista, Jesús parecía responder a las preguntas que le planteaban sobre el reino de Dios, pero en realidad señalaba hacia una verdad mayor. Puesto que se trata de preguntas mal formuladas, responder de una forma u otra sería ridículo. Si se me pregunta si cierta mesa es hombre o mujer, la única respuesta adecuada es reírse; no valdría la pena plantear o debatir la cuestión. Como observó el filósofo Zhuang Zi, “es fútil hablar de la nieve con un insecto veraniego que nunca la ha visto”
El reino no es una cuestión que deba pensarse. Como tal, tampoco es una cuestión temporal (porque sin pensamiento no hay tiempo). Sin embargo, tradicionalmente se habla de él como si se tratara de un acontecimiento futuro.
El motivo es evidente. El reino siempre se ha concebido como acontecimiento futuro porque vivir en el futuro, en lugar de en el presente, es un hábito del hemisferio izquierdo. Bhagwan Shree Rajneesh ofrece un hermoso diagnóstico de la situación:
“La mente humana desaparece en el presente. Vive en el futuro, en la esperanza, en la promesa del futuro; se mueve mediante el deseo. El deseo necesita tiempo, el deseo no pude existir sin tiempo. Si de pronto nos encontramos en un momento en que el tiempo ha desaparecido, si no hay tiempo, ni mañana, ¿qué le sucederá a nuestro deseo?. No puede moverse, desaparece en el tiempo.”
Aquí Jesús vuelve a enseñar el arte de vivir. Lo que María tenía, a diferencia de Marta, era concentración. El arte de vivir, como todo arte, requiere concentración. Para ser artista, hay que perderse en el arte. Sin perderse es imposible escuchar, ver o ser. Jesús alabó a María porque escuchaba, prestaba atención sin esfuerzo en el momento presente. Cuando se es consciente del momento, no hay pensamiento ni tiempo. Se está en el reino.
Por el contrario, Marta estaba distraída. Por hallarse ocupada en diversos asuntos mundanos, no prestaba atención al momento. Como resultado, le angustiaban todo tipo de pensamientos e inquietudes. Jesús le dijo que, aunque tuviese muchas cosas en la cabeza, sólo una era necesaria: concentrarse en la tarea que esté a mano.
Son muchos los que creen que para entrar en el reino de los cielos hay que combatir la ira, la violencia y la lujuria de nuestra mente, pero Jesús enseñó un método totalmente distinto: vivir el momento. Cuando se está verdaderamente concentrado en la tarea que se tiene a mano, no pueden surgir emociones negativas.
El reino existe en la zona atemporal. La implicación de ello es que la felicidad no es un producto del tiempo. El maestro Jesús nos reveló un gran secreto: la puerta de la eternidad se encuentra en el momento. Muchos de nosotros, sin embargo, consideramos que la felicidad se materializa en el tiempo. Esta interpretación errónea es fuente de mucha tristeza.
¿No os parece?
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martes, 1 de abril de 2008
Jesús, un maestro del Zen
“Sólo al vaciar la mente de ideas preconcebidas es posible entender lo que Jesús pretendía enseñar a sus seguidores: que volvieran a ser niños. Que amaran la vida como el valor más preciado; que aprendieran de sus enemigos; que miraran el mundo como si cada día fuera un nuevo nacimiento; que perdonaran; que no antepusieran sus deseos al fluir natural de la existencia, aceptando la ambigüedad y la paradoja. Enseñanzas todas que entroncan con la tradición zen. Porque el zen es el arte de vivir, el arte de aceptar el mundo tal y como es; y, a través de sus palabras, Jesús se muestra como una artista de la vida, capaz de descubrir el secreto que se revela continuamente ante los humanos, capaz de sumergirse sin ataduras en la apasionante experiencia de la magia de lo cotidiano.
Jesús ha causado muchas confusiones e interpretaciones erróneas porque a menudo se le ha tomado demasiado en serio. Se le adora (o ataca) con más frecuencia de la que se le escucha. El zen consiste en relajarse, escuchar y tener sentido del humor durante el proceso. Si se escucha de verdad a Jesús, se descubre que apenas predicó o moralizó: lo que hizo, con gran maestría, fue relacionarse con nosotros mediante vívidas historias e iluminarnos con su poesía.
Es posible, desde luego, ver a Jesús como Salvador, Mesías, Hijo de Dios y hacedor de milagros; pero perderíamos lo esencial si no reconocemos que, en el fondo, era un poeta y sus palabras son los cantos de su alma. En el círculo zen se sabe que el Tao (Verdad), por ser de naturaleza paradójica, no puede predicarse ni tampoco expresarse con palabras: sólo puede darse a entender indirectamente. Por este motivo, Jesús recurrió a la poesía y al humor. ¿Dónde, si no en la poesía, se encuentran contradicciones que coexisten de forma armónica?
Es importante distinguir lo que se dice sobre Jesús de lo que Jesús dijo. Conseguirlo es descubrir un nuevo mundo lleno de color y vitalidad; es iniciar una aventura reveladora”.
Kennet S. Leong
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viernes, 28 de marzo de 2008
La lucha interior
Luchar o no luchar. Difícil encrucijada cuando nos resistimos a perder esto o lo otro, cuando queremos y no podemos, cuando anhelamos pero no obtenemos. El problema de la lucha es que le da una razón de ser aquello contra lo que luchamos. Si luchamos contra el miedo aumentamos nuestro miedo, éste se hace fuerte porque se le está dando una importancia que la mayoría de las veces no tiene. Y por eso el miedo nos cala los huesos, se instaura en nosotros de tal manera que cuanto más luchamos contra él más grande se hace, más grande lo hacemos. Hablo de miedo pero podría haber hablado de cualquier otra cosa que nos disguste.
Y entonces ¿por qué seguimos luchando?. Pues porque algo ganamos con esa lucha estéril y que no nos lleva a ninguna parte. Cada cual debe hacerse una pregunta, su pregunta. La mía es ¿qué gano yo con esto?. La respuesta solo la tenemos cada uno de nosotros, no la tienen los demás. Aunque creo que, más importante que la pregunta y su respuesta es nuestra actitud: luchar o no luchar.
Y si no lucho ¿qué hago?. Me permito tener miedo, me permito estar triste, me permito estar confuso, me permito...y no me castigo, no pierdo energía con una lucha que puede no tener fin nunca, porque es una lucha no ya contra los demás sino contra mi mismo. Y me hago amigo de mi miedo, de mi tristeza, de mi confusión, los llevo de la mano y al final, cuando ya no hay motivos para sentir miedo, ni tristeza, ni confusión, todo esto desaparece y entonces llega la paz, la tranquilidad, la serenidad. Y entonces soy yo otra vez.
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lunes, 24 de marzo de 2008
En tu interior
La naturaleza del cielo es originariamente transparente pero a fuerza de mirarlo la vista se oscurece. Y se oscurece porque no miramos donde es adecuado mirar. Creemos que porque hemos encontrado lo que buscábamos desde hacía tiempo, vamos a ser más felices. Pero es cuestión de tiempo el volver a caer en los mismos errores, en que vuelva a surgir el desencanto, el miedo, la apatía, el aburrimiento, la depresión…porque siempre miramos hacia fuera. Miramos y miramos y entonces nuestra vista se oscurece, y no por el hecho de mirar sino por el hecho de mirar en la dirección equivocada. Mirar hacia el interior es el único camino, la única forma de comprendernos y de comprender a los demás sin perder nuestra propia identidad. Porque al final nos amoldamos a los demás y nos perdemos en ellos, perdemos nuestra fuerza, nuestro empuje y nos agotamos sin saber por qué y somos incapaces de tomar decisiones y de manejar nuestra propia vida. El exterior nos dispersa y nos absorbe. El interior nos concentra y nos expande.
Así pues ¿qué es lo que te atormenta y qué es lo que no puedes solucionar por ti mismo/a sin tener que castigarte, sin tener que sufrir?. Mira dentro de ti, eres un ser espiritual, te guste o no, te sorprenda o no, y recuerda este apunte de Los Upanishads que dice: “La vida en el mundo y la vida en el espíritu no son incompatibles”
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jueves, 13 de marzo de 2008
La compasión
Días atrás he vivido momentos de angustia, de ansiedad. Mi mundo, construido de frágil cristal, se resquebrajaba a pasos agigantados. Pensamientos, sentimientos, emociones, campaban de forma anárquica e irrefrenable. Me era imposible parar, plantarme y ver qué de cierto y razonable había en todo lo que me estaba ocurriendo y en cómo yo lo estaba enfocando.
Todo ésto me ha hecho sentir compasión. La compasión es "amor con uno mismo" y es una vía para mitigar el sufrimiento. Cuando sentimos compasión no hay probabilidad de hacernos daño, porque el amor hacia uno mismo, más que herir, sana.
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viernes, 7 de marzo de 2008
Dicho Zen
Las gotas de lluvia golpetean sobre las hojas del basho, pero no son lágrimas de dolor;es solo la angustia de aquel que las oye.
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miércoles, 5 de marzo de 2008
Las tres cualidades necesarias para el entrenamiento
Gran Fe.
Gran Duda.
Gran Esfuerzo.
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viernes, 29 de febrero de 2008
A dónde ir
Una pregunta que antes o después nos hacemos todos. La mayoría de las veces no es fácil responder a ella y nos contentamos con salidas alternativas que nada tienen que ver con lo que verdaderamente quisiéramos hacer.¿Por qué tantos rodeos si todos y cada uno de nosotros sabemos lo que tenemos que hacer?. Creemos que estamos atrapados en la red que día tras día, año tras año hemos ido tejiendo y no vemos o no queremos ver más allá de esa red. Lo fácil, lo cómodo, lo conocido…demasiado tentador para empezar a tener una visión más profunda de las cosas…de las cosas de dentro, de nuestro interior. El exterior ya lo tenemos, podemos desenvolvernos en él, cada cual a su manera, más o menos de forma adecuada; pero el interior, mirar hacia él es lo que nos falta. Ahí están todas las respuestas, ahí no existe el engaño. El interior es una fuente inagotable de soluciones a todas nuestras pesadillas, depresiones, frustraciones, incomprensiones. Sin embargo pensamos, tenemos la creencia de que las soluciones vienen de fuera. Creo que es un error, un error del que ninguno estamos a salvo. Cuando dejemos de buscar que nos quieran nos querremos, seremos nuestros propio bailarín privado (private dancer)… Somos nosotros mismos los que tenemos las respuestas y nadie nos va a dar la fórmula mágica para solucionar nuestros problemas, ¿o sí?.
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martes, 26 de febrero de 2008
Soy Tú (Dedicado a Fuego)
Era un discípulo honesto. Moraba en su corazón el afán de perfeccionamiento. Un anochecer, cuando las chicharras quebraban el silencio de la tarde, acudió a la modesta casita de un yogui y llamó a la puerta.
--¿Quién es? -preguntó el yogui.
--Soy yo, respetado maestro. He venido para que me proporciones instrucción espiritual.
--No estás lo suficientemente maduro -replicó el yogui sin abrir la puerta-. Retírate un año a una cueva y medita. Medita sin descanso.
Luego, regresa y te daré instrucción. Al principio, el discípulo se desanimó, pero era un verdadero buscador, de esos que no ceden en su empeño y rastrean la verdad aun a riesgo de su vida. Así que obedeció al yogui.
Buscó una cueva en la falda de la montaña y durante un año se sumió en meditación profunda. Aprendió a estar consigo mismo; se ejercitó en el Ser.
Sobrevinieron las lluvias del monzón. Por ellas supo el discípulo que había transcurrido un año desde que llegara a la cueva. Abandonó la misma y se puso en marcha hacia la casita del maestro. Llamó a la puerta.
--¿Quién es? -preguntó el yogui.
--Soy tú -repuso el discípulo.
--Si es así -dijo el yogui-, entra. No había lugar en esta casa para dos yoes.
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La atención
Muchas veces hago las cosas sin prestar atención. Esta es una forma de no vivir. Hago cosas mientras pienso en otras; de esta manera me pierdo el momento presente. Sueño despierto y me pierdo la realidad del ahora.
Alguien me dijo un día: "Mientras estés comiendo, sólo come, mientras estés paseando, sólo pasea, mientras estés amando, sólo ama...porque cuando comes y no estás en ello, cuando paseas y no estás en ello, cuando amas y no estás en ello, nunca podrás apreciar los infinitos matices que te ofrece la vida en ese precioso instante".
Tenía razón...
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domingo, 24 de febrero de 2008
El sentido de la vida (Rescatado de "El blog de Craven" 2 de Junio de 2007)
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miércoles, 20 de febrero de 2008
Concentración
Después de ganar varios concursos de arquería, el joven y jactancioso
campeón retó a un maestro Zen que era reconocido por su destreza como
arquero. El joven demostró una notable técnica cuando le dió al ojo
de un lejano toro en el primer intento, y luego partió esa flecha con
el segundo tiro. "Ahí está", le dijo al viejo, "¡a ver si puedes
igualar eso!". Inmutable, el maestro no desenfundó su arco, pero
invitó al joven arquero a que lo siguiera hacia la montaña. Curioso
sobre las intenciones del viejo, el campeón lo siguió hacia lo alto
de la montaña hasta que llegaron a un profundo abismo atravesado por
un frágil y tembloroso tronco. Parado con calma en el medio del
inestable y ciertamente peligroso puente, el viejo eligió como blanco
un lejano árbol, desenfundó su arco, y disparó un tiro limpio y
directo. "Ahora es tu turno", dijo mientras se paraba graciosamente
en tierra firme. Contemplando con terror el abismo aparentemente sin
fondo, el joven no pudo obligarse a subir al tronco, y menos a hacer
el tiro. "Tienes mucha habilidad con el arco", dijo el maestro, "pero
tienes poca habilidad con la mente que te hace errar el tiro".
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